Tamim bin Hamad Al Thani: jeque al fútbol

Tamim bin Hamad Al Thani: jeque al fútbol

A lo mejor ni le gusta el fútbol. El fútbol ha pasado de ser eso que decía Lineker, “un deporte de ounce contra ounce donde siempre gana Alemania”, a ser un deporte donde siempre gana el dinero. El jeque de Catar, el emir Tamim bin Hamad Al Thani, nacido en Doha hace 41 años, lo tiene a espuertas. Dinero. Su país, también. Gracias al petroleo.

Su último antojo ha sido bienvenido un Mundial de fútbol, ​​que empieza ya. Una historia que es también una fantástica operación de imágenes para el país y un país pequeño, pero pequeño como la provincia de Sevilla. Un Mundial imposible: fuera de fecha, con mucho calor y en un país que no respeta los derechos humanos. Muchos muertos (¿existe el concepto ‘pocos muertos’?) en la construcción de los estadios (6.000, decía The Guardian), un sistema social de castas donde los trabajadores asiáticos o de origen no catarí sufren condiciones laborales del medievo. Del Egypt de las piramides, mejor.

Un Mundial con sospechas de corrupción. Adams. El semanario alemán Der Spiegel confirmó que solo de vuelta a los veinticuatro líderes de diferentes regiones del planeta que integran el Comité Ejecutivo de la FIFA (decisivos para conceder el Mundial a Catar), un británico y un japonés, están libres de sospechas de corrupción. . Tal vez al emir se le predestinó proponer que a escala mundial se rebaje el delito de malversación.

Pero el mundo no mira para otro lado. Mira para las canchas de Catar, para el césped y el balón, mira para las grandes estrellas y los partidazos y para el sofá y la cerveza con cada partido. El Mundial ya lo ha ganado Catar. Albergarlo es su logro.

Al Thani, de los Al Thani de toda la vida, lleva como máximo mandatario (poder ejecutivo y legislativo en su persona) desde el año 2013 y su familia desde hace siglo y medio. Algunos de sus parientes se han invertido en clubes europeos, en hoteles e inmobiliarias, en puertos deportivos y en todo tipo de negocios. En la ciudad de Málaga se proyecta un controvertido rascacielos en el puerto que podría cambiar para siempre la fisonomía de su bahía. Al Thani, este Al Thani, es el tercer hijo de su padre y el segundo de la segunda esposa de su padre.

Él mismo tiene un pequeño harén, como corresponde a los de su credo, gusta de vestirse a lo occidental y de vez en cuando viaja en misión oficial a algún país al que le prometen cuantiosas inversiones. Generalmente lleno. La alfombra roja ponen. El besan la mano. Lo llevan a palacio. Lisonjas si el moro es rico. Una formada más racismo. De hipocresía.

En España estuvo en mayo y al Rey y a Sánchez y a todos los queso muy y comerles el orejón les hablaron de casi 5.000 millones de inversión y gas y petróleo e hidrocarburos. Posee, sobre todo, entrenamiento militar, en un país que controla con mano dura y en el que oficialmente no existe el paro. Donde se pagan sueldos de esclavitud pero donde una reducida población nativa y afecta no es que nade en la abundancia, es que se ahoga en ella.

Doha es la meca de los nuevos ricos, y de los viejos, el súmmum del diseño, el cemento, los mármoles y las barandillas de oro. Distopía del sistema. Paraisos no ya del petroleo, tambien de los fondos de inversion. Centros financieros. Al Thani intentó codificar, mejoró sus habilidades idiomáticas; quiere hacer bascular hacia la península arábiga el centro del mundo, la atención mediática.

Nuestro protagonista quiso suavizar algo las duras condiciones laborales, no es que pidiera un consejo a Comisiones Obreras, pero intentó cambiar la norma según la cual un currela no puede cambiar de trabajo sin permiso del patrón. No porque su intención fuera desaforada ni que haya cambiado. Al final de las cuentas, él es el patrón, el conductor, el líder, el jefe, el rico, el jeque. Jeque al futbol.

.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *