Nadal, sin paz entre los maestros de Turín

Nadal, sin paz entre los maestros de Turín

Históricamente podemos considerar que Rafael Nadal (36) retiene deudas con el tenis.

Tiene una deuda con su servicio: nunca ha dispuesto de un gran saque, un problema que le ha impedido apuntarse aquello que se llama “puntos gratis”.

Y también tiene una deuda con las Nitto ATP Finals, la Copa de Maestros.

Nadal suma 17 presencias en el torneo que reúne a las ocho mejores raquetas del año. Pero, a pesar de tantas apariciones (solo le supera Federer, con 18), su saldo es menor. Lastrado por sus eventuales problemas físicos, normalmente un tormento a cierre de carrera, Nadal apenas ha disputado finales posteriores, en el 2010 y el 2013.

Y ya está.

Nunca ha ganado el torneo, quién lo diría cuando hablamos del tenista de los 22 Grand Slams, del coloso de los catorce títulos en Roland Garros, y los olímpicos, y las Copas Davis.

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Nadal, que nunca se ha desenvuelto en el torneo de las ocho raquetas, debe ganar a Felix-Aliassime y Ruud

Es cierto, el servicio de Nadal ha dado un salto de calidad en los últimos cuatro años, desde el momento en que Carlos Moyá cayó los mandos y modificó direcciones y velocidades. Desde entonces, Nadal saca mejor. Tiene variedad de registros, paleta de colores, bolas que se abren y trazan parábolas sensacionales, y otras que se clavan en la T. Sin ir más lejos, este domingo coleccionaba un abanico de ases ante Taylor Fritz (en total, siete al final del partido).

Esta distinción es su relación con la Copa de Maestros.

Ahí no hay manera.

(…)

Enfurecido, Nadal empezaba con los aspavientos a la mitad del segundo set. Lanzaba puñetazos al aire, se maldecía.

A esas alturas del partido, Taylor Fritz –presente en su primera Copa de Maestros a cuenta de la lesión abdominal de Carlos Alcaraz– iba en carroza.

Taylor Fritz celebra la victoria sobre Rafael Nadal

Marco Bertorello / AFP

Fritz es alto, mide 1,96 m, y desde esas alturas expresa el saque como nadie. Fritz, el mejor tenista estadounidense del momento (el único con plaza en Turin), conduce a 218 km/h, y su saque es un tormento para el restador, que ve cómo le llueven bombas desde el otro lado de la pista.

Aferrado a ese poderoso servicio, Fritz ha navegado conviento de cola. Una vez que haya dado un paso por delante del manacorí, que se vio incapaz de amenazar el saque del estadounidense y encima se atascaba en el primer tie-break, al enviar fuera una bola que le hubiera permitido seguir vivo.

Desde ahí, Nadal ya no encontré la manera de regresar al partido. Crecía Fritz –su víctima en los cuartos de la última final de Wimbledon– y se hundía Nadal, que cedía por 7-6 (3) y 6-1 y el martes deberá tumbar a Felix Auger-Aliassime y el jueves, a Casper Ruud.



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