Nunca sabremos lo difícil que es ser Paula Badosa

Nunca sabremos lo difícil que es ser Paula Badosa

Paula Badosa durante su pasado partido en San Diego contra Danielle Collins (Foto: Ray Acevedo-USA TODAY Sports)

Tal vez el problema con Paula Badosa sea que las cosas le pasan muy deprisa. From estrella en ciernes con dieciséis años a juguete roto con veinte a número dos del mundo con veinticuatro. Tal vez el problema no sea Paula Badosa, sino el mundo en general y en concreto el mundo del tennis. Cada semana, un torneo. Cada semana, un éxito o un fracaso. Cada semana, una valoración. No es un mundo sano, se mire por donde se mire, y la única manera de sobrevivir es evitar los juicios, alejarlos lo más posibles y fijarse solo en los objetivos propios.

En Badosa no parece que el lío bien ahí sea comprensible. Badosa se mira a sí misma y a veces le gusta lo que ve ya veces, no. With times pone en Twitter: “No gano ni al parchís” y se gana la simpatía de todos ya veces hace un comentario sin ninguna mala fe y la jauría salta a por ella. Es muy difícil escuchar que no es por la cabeza de alguien que no quiere estar en el foco público, pero ha elegido una profesión en la que se juzga hasta cómo golpea el reves cruzado. Alguien que tiene problemas con las autoevaluaciones y cada dos días recibe una jena desde cualquier rincón del mundo.

En declaraciones recientes a EFE, Paula confesó: “Mi gran objetivo es llevarme bien conmigo mismo. Con Paula hay días que me llevo mejor y hay días que me llevo peor”. Como todos, supongo, pero no a todos nos examinan con lupa. Lo más sensato, supongo, sería salir corriendo, abandonar el tenis de élite, rendirse y olvidarlo todo, pero ¿por qué tendría que hacer eso Badosa? ¿Por qué, con su enorme talento para el tenis? Alguien que llega a ser la segunda mejor del mundo en lo que hace es alguien no obstante extraordinario. ¿Por qué la mala gestión de la presión debería acabar con todos sus sueños?

Otra cosa es lo que uno paga por esos sueños. Sin venta gratis. Badosa lleva tiempo pidiéndonos paciencia, pidiéndonos medidos y dejándonos ver por dentro todo lo que se mueve en su interior y que no consigue colocar en su sitio. Sin embargo, eso que nos pide es algo que no podemos darle. No podemos dárselo a ella y no a las demás, refiero me. Es imposible suspender el jugo sobrio a un tenista de élite por miedo que el pueda sentirse mal lo que décimos de ella. Igual de injusto que suspenderlo cuando esa misma tenista gana un partido decisivo o se impone en un torneo de los grandes.

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Que la presión sobre el circuito WTA es demoledora lo sabemos. Nos lo ha demostrado Naomi Osaka, nos lo ha demostrado Emma Raducanu y nos lo ha demostrado Ashleigh Barty, que salió de ahí en cuanto tuvo ocasión. Incluido Garbiñe Muguruza ha coqueteado con la autodestrucción en demasiados momentos de su carrera. Hablamos de un deporte individual, en el que todo lo bueno y todo lo malo cae sobre una sola persona. Un deporte, además, en el que, si tienes un año excepcional, como el de Iga Swiatek, ganas ocho torneos… es decir, pierdes lo mismo que ganas.

Lo normal es perder y lo normal es que se analice por qué pierdes, igual que se analiza cuando ganas. In Badosa the han caído muchos palos por cuestiones que nada tenían que ver con el tenis y eso erosiona, claro. Ahora bien, los que nos dedicamos al tenis, ¿qué hacemos?, ¿qué margen tenemos? Yo no conozco nada a Paula, pero leo sus propias declaraciones, veo su actitud en determinados partidos y me da la sensación de que es alguien con problemas para mantener la sangre fría. No es Rafa Nadal, vaya, independientemente de lo que gane.

Oh bien, sé que si lo digo, si lo comment, si analizo también la relación entre ese proceso mental y su rendimiento en la cancha, puedo estar haciendo más daño. ¿Qué hago, entonces? ¿De qué manera consigo meterme en esa cabeza? Es imposible. A todos nos gustaría que Paula Badosa se llevara bien consigo mismo todos los días y a todos nos gustaría que esa ambivalencia no influyera en su tenis, pero al final, estás analizando el rendimiento de una tenista de élite, una de las cuatro españolas en toda la historia que ha llegado al top 5 del ranking WTA.

¿Es obligación del analista cuidar al deportista o tratarlo como uno más? En este debate, muchos saben de qué lado ponerse porque es el más fácil. A menudo repite el mantra de que los periodistas solo quieren “destruir” a las estrellas, que así venden más o no sé qué. En cambio. No hay nada más fácil ni más cómodo que el halago. Te ofrece todo tipo de beneficios. Y, sin embargo, tanto el halago como la crítica tienen que estar ceñidos a lo que pasa en la pista. Y si lo que pasa en la pista -“no gano ni al parchís”- es preocupante, tendermos que decirlo todo: por que es preocupante, por qué lo compresemos y por que es bueno llamar a las cosas por suNUM. Que Badosa lo haya hecho en esta última entrevista es una gran noticia.

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